
El jueves por la tarde se nos inundó la casa, porque a un vecino se le rompió la piscina que había instalado en su terraza. El agua nos llegó a los tobillos y ha dañado todos los muebles de la casa. El llanto y bloqueo inicial dio paso al insomnio y a la rabia, para más tarde volver al empuje que te hace sobrevivir en los momentos adversos.
Sin embargo, ahora el estado mental al que he llegado es el desconcierto, un regalito llegado directamente de los tasadores de los seguros. Aquí no hay quien se aclare: Primero vino nuestro périto (pero no peritó nada... Dijo que era demasiado pronto), cuatro días después vino el tasador de mis vecinos y... hoy vuelve a venir otro tasador por parte del seguro de mis vecinos. No entiendo nada, podría escribir una perorata diciendo por los diferentes estados por los que he pasado desde que la ola de los vecinos nos alcanzó, pero estoy tan estupefacta que soy incapaz.