martes, 21 de octubre de 2014

Un globo, dos globos, tres globos...


Escucho en la radio la canción infantil de "Un globo, dos globos, tres globos..." que los que pasamos de los treinta conocemos de sobra. Conduzco pensativa, mientras mis hija canturrea esta tonadilla a su hermano que apenas tiene tres meses... Y mientras yo pienso si vale la pena el esfuerzo de las horas robadas a su infancia en favor de unas personas, que sí me pagan, pero apenas me valoran.

Este es el gran problema de la profesión de los periodistas que trabajamos sin horario, que nos llevamos el trabajo, nuestros pensamientos y dilemas a la almohada y sin embargo, dado que nuestra herramienta de trabajo es la palabra, no siempre queda constancia de nuestro esfuerzo.

Con frecuencia tenemos que sacar pecho por la profesión a consecuencia del gran intrusismo que padecemos, así como por lo efímero de nuestro trabajo.

Y esto aún se agrava aún más en lo gabinetes de prensa donde gran parte del trabajo se desarrolla en la sombra y donde andamos a caballo entre el periodismo y las relaciones públicas... Igualmente sin horario.

Eso sin contar el hecho de que, pese a ser licenciados universitarios (o graduados en la actualidad), se nos paga en muchos casos como auxiliares administrativos, y si por un golpe del azar, percibimos un sueldo real y de acuerdo al convenio laborar, nos vemos cuestionados.

No obstante y pese a todo, si una ventaja tenemos los periodistas es nuestra capacidad de reinventarnos y de seguir luchando. Yo nunca he dejado de luchar por seguir siendo periodistas, y nunca dejaré de hacerlo, porque pese a todo, amo esta profesión, respiro y vivo como periodista, y lo seguiré siendo hasta el final de mis días, aunque el destino me depare transitar por otros caminos, porque esta es una profesión apasionante que una vez que se mete en tus venas no puedes desligarte de ella, jamás.



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